Egipto: Mucho más que faraones

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miércoles, 15 de enero de 2014

El referéndum constitucional mide el apoyo a las aspiraciones presidenciales de Al Sisi

Mucho tiempo sin publicar por aquí entre las clases de árabe y demás. Pero aquí os dejo mi reportaje sobre la votación del referéndum constitucional egipcio, más un referéndum a Al Sisi que a la propia Constitución.


Aunque es poco amigo de las declaraciones a la prensa, esta semana  Abdel Fatah Al-Sisi -idolatrado para muchos al quitar del poder a Morsi, vilipendiado por aquellos que apoyan al ex presidente de la Cofradía Musulmana- ha entrado de lleno en el debate constitucional.

A tres días del referéndum, Al Sisi pedía un apoyo masivo “a la nueva Constitución, el primer paso de la hoja de ruta marcada para devolver la tranquilidad y democracia al país”; apoyo que si realmente resulta mayoritario podría ser la última hoja a favor de la margarita que deshoja el general para presentarse a las elecciones presidenciales.

Hoy, a las puertas de los colegios electorales y entre soldados apostados con metralleta y policías que cacheaban a todo aquel que quería ejercer su derecho a voto, no sólo se decidía sobre la Constitución, para muchos un paso secundario en su idea del futuro egipcio. Hoy simplemente se presenciaba un nuevo pulso entre simpatizantes de los Hermanos Musulmanes o de Al Sisi.

A las 9 de la mañana las colas de muchos colegios daban la vuelta a la manzana. La amenaza de multa por no ir a votar y las facilidades para hacerlo –como el metro gratis durante las dos jornadas- se alejaba de las imágenes de hace un año, cuando sólo acudió un 32,9% a la votación de la constitución de la Hermandad, de los que un 68% mostró su acuerdo.

En esta ocasión 53 millones de egipcios están llamados a las urnas en dos jornadas que contarán con más de 36.000 efectivos, entre policía y ejército, desplegados para “ocuparse de la seguridad de los votantes”; algo que no ha impedido la muerte de 11 personas, entre ellos un niño de 14 años, a lo largo del país entre choques con la policía, votantes ametrallados y dos por causas naturales.

Muchos de ellos no se han olvidado en casa las canciones que inundan televisiones públicas y radios loando las bondades del ejército. Tampoco los carteles que comparan a Al Sisi con el mítico Nasser o el asesinado Sadat.

Estoy aquí para apoyar a la Constitución y para apoyar a Al Sisi. Voto a favor de la Constitución, a favor de la estabilidad de mi país y el amor a mi patria”, gritaba Mohamed Galal, de 45 años a las puertas de uno de los colegios de barrio de la Isla de Roda, en la Cornisa del Nilo. Ataviado con su bata de carnicero, encima de un taburete y coreado por decenas de votantes no para de animar a la gente al grito de ‘Al Sisi presidente’.


Gamal se sincera contando que no ha leído la Constitución porque es analfabeto, pero que no se ha perdido programa que hable y explique sus artículos. Pero el no saber leer, como le sucede a no pocos egipcios, no es según explica Gamal un impedimento para tener una visión clara en un país tremendamente politizado. “Yo apoyo a mi ejército, ese en el que he servido yo, antes mi abuelo y mi padre, y en el que lo hará mi hijo. Es el ejército el que está aquí o en el Sinaí luchando contra los terroristas y arriesgándose cuando los Hermanos Criminales [se refiere a los Hermanos Musulmanes] ponen como hoy bombas en los colegios”, señala.

La primera bomba de la que habla se producía poco antes de la apertura de la jornada delante de uno de los tribunales de justicia del distrito de Giza. A ella seguirían desactivaciones de más bombas en el Delta del Nilo y disturbios por todo el país. “No tenemos nada de miedo, aquí estoy yo, mis hijos y mis hermanos para dar la última gota de nuestra sangre por nuestro país”, comenta Marfat Abdalá, de 54 años, a las puertas de uno de los colegios precisamente de Giza.

Vestida con el clásico niqab negro [prenda con la que sólo se ven los ojos de la mujer], se le pregunta por el papel del Islam en la Constitución que hoy se vota. Para los Hermanos Musulmanes, supone un claro ataque a la religión, ya que muchos de sus puntos se han eliminado o cambiado sustancialmente. “He leído la Constitución y en sus artículos viene todo lo que necesitamos. Los derechos de las mujeres, niños y discapacitados. Para el obrero y el campesino. Y respecto a la religión es todo mentira lo que dicen, incluso reparten constituciones falsas para equivocar al pueblo. La religión musulmana está en la Constitución sin necesidad de excluir a nadie, ese es el verdadero Islam, no el de la violencia. Por ello estoy confiada y tranquila con esta Constitución”, señala.

Difícil encontrar una voz disonante a las puertas de los colegios. Muchos de los simpatizantes de la Cofradía islámica han decidido no acudir a las urnas. Con otros al final ha habido disturbios y lanzamiento de piedras. Otros tantos lo hacen más por apoyo a Al Sisi que por una Constitución que muchos reconocen no haber leído, como es el caso de Hoda Mohamed, a la defensiva con los medios que pasan preguntando por los colegios por si alguno es de Al Yazeera, cadena señalada como defensora de la Hermandad y que ha sufrido la detención de varios de sus periodistas, incluido hoy con la detención de tres.

En Nasser City, cerca de la conocida plaza de Rabaa -donde se concentraron los HHMM y en la que su desalojo provocó decenas de muertos- los ánimos están más calmados. Barrio de clase alta, los votantes dicen mostrar su favor a la nueva Constitución, pues “en general es lo que necesitamos”, explica Mahmoud, de 52 años. “Es una Constitución liberal e inclusiva para todos independientemente de religión o sexo”. ¿Pero qué pasa con el poder que acumula el ejército?, se le pregunta. “Una cosa es clara, Egipto perdió el miedo. Si en el futuro hay un abuso de poder, otro y por parte de quien sea, volveremos a luchar, eso es seguro”, afirma.

Cerca, sale con dificultad por las muletas Aldel Mohasen Abdel Hady, de 60 años, ayudado por su hijo y por un policía apostado a las puertas del colegio. Tampoco le importa revelar su voto: “He votado que sí porque este paso representa la salvación de Egipto de toda la mierda que hemos tenido el año pasado”, dice sin cortarse.


No me interesa la reconciliación con los Hermanos Musulmanes, que tanto mal han hecho al país, al pueblo. Yo he sido policía y lo he sido porque amo a mi país y a mi gente, y esta gente en un año ha destruido y enfrentado a todos lo que buscan lo mismo. Si te soy sincero, me da igual que sea Al Sisi u otro el presidente y si hay artículos de la Constitución que no me gustan seguro que más adelante se podrán cambiar, pero lo importante ahora es que creo que esto es un paso hacia delante, hacía un futuro mejor”, comenta.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Pero.., ¿y qué piensan los egipcios? (1)

Esta pregunta me la he hecho constantemente en los últimos dos años y medio. Durante este tiempo, al examinar los medios, ir a conferencias o leer comentarios en internet, he podido saber qué piensan a expertos y pseudoexpertos, periodistas y pseudoperiodistas, opiniólogos que lo mismo gritan sus ideas sobre la actualidad egipcia que sobre el último partido del Madrid-Barça.

 Sin embargo, lo que a mí me ha faltado es una lectura donde los protagonistas sean los egipcios de a pie, esos que han vivido y participado en los sucesos, esos que no han protagonizado ninguna foto ni forman parte de ninguna organización, pero que sin los que no se hubiera llegado a nada. Más pendientes del morbo, de estar durante horas a pie de una mezquita donde los de dentro y los de fuera disparan, de donde se sabe que no van a conseguir ni cifras, ni datos veraces de nadie, pero sí ‘con un poco de suerte’ una imagen con más sangre, con más morbo, con más lloros que la del día anterior, se olvidaron de sacar cinco minutos para contestar dos viejas e incaducas preguntas: qué y por qué.

 Así que me he aprovechado 'vilmente' de los egipcios y españoles que han vivido todo ello para que me comenten qué ha pasado. Aviso para el que no quiera seguir leyendo. A pesar de hablar con más de 10 personas y buscarlos adrede,  no he encontrado a nadie conteste a mis preguntas y rompa una lanza a favor de los Hermanos Musulmanes. Por supuesto cada uno cuenta la película como lo ha vivido, por lo que esto no es un ‘reflejo de la sociedad egipcia’, ni nada por el estilo, solo las respuestas a ciertas preguntas que personalmente me hacía. E irán en dos post, ya que tengo contestaciones tan largas como interesantes.

Los antecedentes: Mubarak vs. Morsi

De los 51 millones de egipcios llamados a votar a mediados de junio de 2012 en sus primeras elecciones democráticas votó, según la Junta Electoral, un total de 26.420.763. De 13 candidatos que se presentaron en la primera vuelta, fueron los dos con más votos, el candidato representante del régimen de Mubarak, Ahmed Shafiq, y el de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, los que se enfrentaron en la segunda y definitiva vuelta. Entre algunas denuncias de amaños electorales, compras de votos,  muertos que participaban y tardanza a la hora de saber los resultados, al final Morsi lograba una doblemente histórica victoria: con un 51,73% de los votos (13.230.131), contra el 48,27% de los votos (12.347.380) conseguidos por el general y ex primer ministro Ahmed Shafiq, Morsi conseguía aupar a la Hermandad de la clandestinidad más o menos tolerada a la presidencia del país y era el primer presidente elegido democráticamente.

Pero un año después de que Morsi asegurase ser “el presidente de todos los egipcios” ni imponer un ideario islamista, parece que no consiguió su objetivo. “Uno de los principales problemas es que prácticamente no hay diferencias entre el gobierno de Mubarak y el de Morsi”, explica Mohamed Bakr, cairota y guía turístico.

Mahmoud Yacoub, estudiante de Filología Hispánica, concreta más: “Basta decir que el primer gobierno formado en la era de Morsi incluía muchos rostros del partido de Mubarak, ese mal llamado Partido Nacional Democrático, y además, cuando hizo remodelación de gobierno, trajo personajes que no han logrado hacer ningún desarrollo favorable en la vida cotidiana del ciudadano”. Entre ellos, cabe destacar Ahmed Zaki Abdeen ministro de Desarrollo local y Mahmoud Balbaa ministro de Energía y Electricidad. Además, Yacoub y otros participantes en las manifestaciones del 25 de enero recuerdan la absolución de seis de los ex altos cargos policiales directamente relacionados con la represión a los participantes en aquellas fechas, así como los ‘delitos prescritos por corrupción’ de los hijos de Mubarak, Alaa y Gamal.

Problemas que siguen sin solución

“Sabíamos que Morsi o cualquier otro que saliera como presidente no tendría una varita mágica para solucionar todos los problemas del país”, relata Semsem Español, también implicada en el sector turístico como miles de egipcios. Tanto ella como Mohamed Bakr llegan a la misma lista de problemas: “Los problemas con Morsi aumentaron. Seguían las protestas tras sus decisiones legales, como por ejemplo tras la nueva Constitución, y la seguridad fue a peor. La situación económica es desastrosa y esto también tiene que ver con la seguridad y la estabilidad. Muchos egipcios trabajan en el sector turístico y la falta de estos factores han hecho que miles de familias no tengan para comer, las agencias turísticas cierren o estén en peligro de ello. Y además siguen los problemas de gas y electricidad”, añade.

El peligro del colapso y bancarrota económico no es el único que sigue atenazando Egipto. Muchos esperaban ese pacto entre todos los agentes y partidos para salir adelante, los mismos que ahora  acusan a Morsi de apropiarse de más poder del que le correspondía. “Los principales fracasos de esta etapa sólo se pueden definir como escandalosos y vergonzosos. Desde el principio ha buscado amasar el máximo poder ejecutivo, legislativo y judicial en sus manos. Entre ellos los más notables es el decretazo del 22 de noviembre de 2012 [por el que Morsi se concedía plena inmunidad y capacidad de hacer y deshacer ‘por el bien del país’, cosa bastante vaga]; también está el tema de su papel bastante nulo respecto a la causa del Nilo con Etiopia… pero el fracaso más desastroso es dejar el  país dividido, lo que NUNCA ha sucedido desde la unificación de Egipto. Y por si eso fuera poco, ha utilizado la religión para hacer esta división”, señala tajante Yacoub. Tampoco se olvidan muchos de comentar la nueva Constitución, aprobada sólo por un 33% de los egipcios y con "muchos artículos que dejan lugar a varias interpretaciones".

A todo esto Mohamed Maher, también estudiante de español, añade un “retroceso en algunos logros en tema de derechos humanos”, entre los que se puede destacar nuevas restricciones laborales para las mujeres.



En el próximo post hablaremos sobre el papel del ejército y qué se puede esperar de los próximos comicios en Egipto.